Reseña Histórica

La Banda Marcial Caracas dirigida por el Maestro J.U. Lira.

Los inicios

La música militar había surgido en Venezuela durante el siglo XVIII, cobra su mayor auge y esplendor en el siglo XIX, en la guerra de independencia. Los grupos musicales interpretaban piezas populares de música: La Cachupina, La Conga, alegres bambucos, danzas, contradanzas, eran los aíres que que animaban a los soldados patriotas durante las batallas. Parte de la necesidad que tenía el ejercito en Venezuela en el sigo XVIII era la musicalización de los códigos de guerra, a través de la Banda Marcial. Las tropas que lucharon en la guerra de la independencia, tenían sus propios grupos de músicos que cumplían la función de animar a los soldados en las batallas, anunciar  las “Llamadas” y “Dianas” y los triunfos. De esa época se puede hacer referencia a la “Banda del Batallón de la Reina” y a la “Banda de Batallón Veteranos”, con esta última Santiago de Mariño entro triunfante en Cumaná. La primera agrupación de conciertos funcionó en Caracas a mediados del siglo XVIII, organizándose luego numerosas orquestas que se reunían ocasionalmente sin llegar a ser instituciones estables.

José Angel Montero

La Banda Marcial Caracas, actualmente, es la agrupación musical más antigua del país. Fue creada el 17 de diciembre de 1864, aunque sabemos que tiene sus orígenes en la Banda de Música Marcial, que venía funcionando adscrita al Ministerios de Guerra y Marina. El maestro Albino Abbiati y por decreto del Mariscal Falcón, recibe la responsabilidad de reorganizar la denominada Banda Marcial y encargarse de su dirección. Al principio, se la denominó Banda Convención, pero al poco tiempo comenzará a llamarse oficialmente Banda Marcial Caracas, aunque en el ámbito popular, casi todo el mundo la llama ¨banda marcial¨ o simplemente ¨la marcial¨. Los primero pasos, dentro de la formalidad, se dieron con los conciertos populares o retretas que tenían lugar en la Plaza Mayor. En 1874 se cambia el nombre a la plaza y se comienza a denominar Plaza Bolívar. Dice el profesor José Antonio Calcaño en su obra "La Ciudad y su Música, página 299, segundo párrafo: "…en la ciudad se efectuaban algunas obras importantes. Se comenzó la demolición de las viejas arcadas y canastillas coloniales de la Plaza Bolívar, con el propósito de darle un nuevo aspecto más despejado y moderno, donde pudiera actuar mejor la banda por aquellos tiempos dirigía Albino Abbiati…"    Desde sus inicios, la banda Marcial Caracas fue un organismo paramilitar y en tal virtud, quedó adscrita al Ministerio de Guerra y Marina, y sus directores hasta bien entrado el siglo XX, tenían rango militar efectivo. El afán de superación musical y el apoyo masivo de la sociedad caraqueña, le permitieron a la Banda Marcial lograr un admirable progreso.

La Banda en los tiempos en que era dirigida por Pedro Elías Gutiérrez.

Los días jueves, sábados y domingos la banda ofrecía retretas en la Plaza Mayor, nombrada en 1874 Plaza Bolívar, convirtiéndose estas presentaciones en una tradición. Con el devenir del tiempo, prevaleció la costumbre  solo los domingos. La agrupación mantuvo un vínculo estrecho con la idiosincrasia propia de la capital, a pesar de ser conmovida por los duros años de la Federación. Las dificultades económicas, políticas y administrativas no pudieron con la constancia de la banda caraqueña, la cual, se aferrada a la simbología musical de la ciudad de finales del siglo XIX. Sus notas se escucharon en los momentos más solemnes de la capital, así el día 7 de noviembre de 1874, señalan los registros, su participación en las fiestas por la inauguración de la estatua de Simón Bolívar, promovida por el presidente Antonio Guzmán Blanco.

Trascendencia con tradición

EL 20 de octubre de 1899, día de la entrada del General Cipriano Castro a Caracas, luego de una breve y victoriosa campaña militar, había retreta en la Plaza Bolívar. En su magnifico libro “Los días de Cipriano Castro“ Mariano Picón, reproduce el programa que para esa noche había preparado el maestro Leopoldo Sucre. Era el siguiente; 1º obertura de “El Caballo de Bronce“; 2º,  una selección de ópera “Gioconda“; 3º, una selección de trozos escogidos de la popularísima zarzuela “La Marcha de Caliz“, y como último número el famosísimo vals vienés “El Danubio Azul“, de Johan Strauss, La llegada del General Castro a la antigua estación de Palo Grande, la tarde de ese domingo , hizo pensar en la suspensión de la retreta por motivos de orden público. sin embargo, no se suspendió. Solo que el señor Feo, quien tenía a su cargo el alquiler de las sillas, fue muy prudente, en previsión de cualquier desorden, que por fortuna no ocurrió.

Durante la época de Castro, las retretas caraqueñas conocieron su época de mayor esplendor. “El Cabito“, solía asistir con su comitiva de palaciegos a la Plaza Bolívar, convenientemente iluminada. El todo Caracas de aquella época despreocupada y hasta un poco cursi, se daba cita para lucirse, oír la música y charla. Desde San Juan, La Pastora, Candelaria y San José llegaban las gentes del pueblo con sus ropas domingueras, modestas e impecablemente limpias. De Altagracia, Santa Teresa y Santa Rosalía, las personas de mayores recursos económicos  y con humos de grandeza. A las diez de la noche terminaba la retreta, casi siempre con las bulliciosas notas de un criollísimo joropo. Lentamente, el público empezaba a desalojar la Plaza Bolívar. La gente del pueblo tomaba café y comía doradas repitas dulces, sabrosas de anís, en los carritos estacionados en las inmediaciones. Las damas elegantes y los circunspectos caballeros solían ir a las pastelerías de lujo, “La India“ y “La Francia“, donde tomaban deliciosos helados y tostadas barquillas, o tazas humeantes de chocolate, que acompañaban con frescos dulces de pastas desbordantes de crema. En la alta noche, las estrellas lejanas contemplaban los techos rojos envueltos en la pálida neblina que descendía de las cumbres tutelares del Ávila.

Fechas rimbombantes

Había en el año  algunas retretas más animadas: el 19 de abril, el 5 de julio, el 28 de octubre, y, en particular, el 31 de diciembre, que congregaba a toda la ciudadanía caraqueña para despedir el año viejo y dar la bienvenida al año nuevo, entre retumbar de cañones, profusión de abrazos y sinceros votos de felicidad. Cuando el reloj de la Catedral daba las campanadas de las doce, la banda tocaba el Himno Nacional, y las gentes se abrazaban sin conocerse, deseándose a  gritos un feliz año y mucha prosperidad. Ya entrado el nuevo año, todos se dirigían a los oficios religiosos en la Catedral, y luego a sus hogares. La guerra mundial, y posteriormente, la terrible peste de 1918, que afectó a 70.000 de los 100.000 habitantes,  que en ese momento, tenía Caracas, de los cuales murieron cerca de 2.000. En octubre de ese mismo año, la ciudad cayó bajo las garras de una mortal epidemia. Se cerraron las escuelas y los colegios, se suspendieron los espectáculos públicos, incluso las retretas de la Plaza Bolívar, y la muerte hizo su trágica visita a millares de hogares. Hacia mediado del año 1919 empezó la recuperación  de la ciudad. Poco a poco volvió la normalidad y se restableció la vida ciudadana. Las retretas de esos días ya lejanos tenían un comienzo: "Cuando Rubito salió de Lima" y un final: "Alma Llanera", fragmento de una zarzuela del maestro Pedro Elías Gutiérrez, que se repitan incesantemente a petición del público, que de nuevo colmaba la Plaza Bolívar. Por entonces se popularizaron los valses del maestro Pedro Elías Gutiérre, director de la Banda de la Banda Marcial desde 1912. "Celajes", "Emilia", "Laura", "Lazo Azul"y "Geranio" alteraban en las retretas con aires de zarzuela y fantasía de ópera o de opereta vienesa. Hasta el ritmo sincopado y extraño del charlestón se oyó entonces en la Plaza Bolívar.

En la Plaza Bolívar de Caracas nació el germen de la Banda Marcial

Aquella época el canto del cisne de la retreta, que se prolongó aproximadamente, hasta la muerte de Gómez, en diciembre de 1935, posteriormente comienza a decaer producto del crecimiento acelerado de la urbe. Las presentaciones domingueras se hicieron cada vez menos frecuentes hasta desaparecer. Sin embargo, la agrupación se mantiene viva hasta hoy. En Venezuela, al igual que en otros países de ascendencia hispánica, es frecuente y tradicional el uso de una pequeña agrupación bandística para tocar marchas religiosas, en procesiones que se efectúan en la semana mayor y también en fiestas de los diferentes santos patrones de las ciudades y pueblos. Posteriormente el término evolucionó y se llamó retreta a una fiesta popular nocturna, en la cual, las bandas militares recorrían la cuidad. Con el tiempo estas celebraciones se establecieron en sitios específicos de las ciudades, dejando de deambular y fijando días determinados para su realización. En el año 1937 la Banda Marcial Caracas pasa a la gobernación del Distrito Federal y actualmente está adscrita al Gobierno del Distrito Capital.

Patrimonio Artístico de la Nación

El 29 de noviembre de 1983 la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación decretó a la Banda Marcial Caracas  Patrimonio Artístico de la Nación, publicado oficialmente en la Gaceta Oficial N° 32.876 del 16 de Abril de 1983. En diciembre de ese mismo año, la Banda Marcial Caracas cumplía, aproximadamente, 120 años. En esta oportunidad, a través de esta experiencia, se reatifica el servicio de la banda como un  pilar fundamental en el desarrollo de las Artes Musicales en el país. La existencia y extensión de su funcionamiento resguarda las composiciones de grandes Maestros como Antonio Narváez y Pedro Elías Gutiérrez, de este su conocida “Alma Llanera” que identifica nuestra nacionalidad. La cotidianidad de este talento, formo una escuela y semillero de importantes valores musicales venezolanos como; Antonio Narvaez, Pedro Elias Gutierrez, Alirio Díaz, Antonio Estévez,  Inocente Carreño, Augusto Brandt, Francisco de Paula Aguirre, Luis Felipe Ramón y Rivera, entre otros. En este actual momento social, donde las políticas se desarrollan con una labor de ejes comunitarios, la Banda Marcial es un ejemplo para el progreso de la difusión de obras de nuevos compositores nacionales, la cual, trasciendo el conocimiento como un vehículo de difusión en sectores populares: La tarea sigue en pie, seguir  con una digna cátedra de formación para mayores y mejores públicos para la música, que expone como la retreta sacó a la música de los salones, y la convirtió en un sano y generoso esparcimiento al alcance del pueblo, sin distinción de clases ni categorías.